Las palabras son el arma de los que quieren convencer, pero el silencio es el escudo de los que quieren comprender.
Devocional: No te compares
¿Cuántas veces nos hemos mirado en el espejo y nos hemos comparado con alguien más? Puede ser que sea con la modelo de marca, con un artista, con un familiar cercano, con otra persona.
Esta búsqueda de similitudes viene casi que innata en el ser humano. Desde que un niño/a nace los padres y familiares cercanos comienzan a decir a quién se parece el infante, cuáles rasgos heredó de un progenitor específico e inclusive de un antepasado. La realidad es que siempre andamos buscando reflejarnos en alguien más.
Y pareciese que eso está bien y correcto, siempre y cuando queramos ver el lado positivo de las cosas, sin embargo, la Biblia nos habla acerca de las comparaciones y cuando no deben hacerse. Leamos juntos Gálatas 6:4
Cada cual examine su propia conducta; y si tiene algo de qué presumir, que no se compare con nadie. (Gálatas 6:4 NVI)
Cuando comenzamos a presumir de lo que tenemos haciendo uso de la comparación se da lugar al pecado ante los ojos de Dios. Y quizás usted se preguntará: ¿Por qué? y la razón es que cuando usamos ejemplo a otras personas podemos caer en humillación si nosotros tenemos más que ellos.
Cuando alardeamos de lo que Dios nos ha dado o inclusive bajo el pensamiento de que nosotros lo hemos obtenido todo, damos lugar al orgullo en nuestro corazón. Podemos sentirnos superiores, mayormente bendecidos por el Señor, pensar y creer que nos merecíamos tales cosas y finalmente que somos mejores que otros. Y allí es donde comienza la comparación, al observar y decir que tenemos más que aquél o aquella que, si nos oye puede sentirse ofendido.
Por eso es que el apóstol Pablo comienza diciendo que debemos examinar individualmente nuestra conducta, ¿Cómo estamos obrando?, ¿Estamos haciendo lo correcto?, ¿Hacia donde van dirigidos nuestros pensamientos?, ¿Con qué intención estamos haciendo las cosas?
Esto es un trabajo individual de cada creyente, no es solo para los que tienen puestos grandes dentro de la iglesia; cada cual debe examinarse y mirar al interior de sí. Una vez que lo hayamos hecho debemos obrar con humildad y sencillez de espíritu, sin compararnos con nadie. Podemos decir lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, lo que nos ha permitido alcanzar PERO sin tener que compararnos con otro hermano de la fe. Pensemos primero antes de hablar y seamos sabios con nuestras palabras. Recuerda que antes que algo salga de nuestra boca el Señor lo conoce y está además viendo la intención del corazón.
Cada cual cree que lo que hace está muy bien, pero el SEÑOR es el que juzga las verdaderas intenciones. (Proverbios 21:2 PDT)
… Pude haber sido yo la que tiene tu corazón guardado pero alguien sin piedad me lo robó …
No debo ilusionarme de ninguna manera con ninguna persona. Ese es un mantra que me debo repetir constantemente porque mi sensible y fantasiosa mente empieza a crear escenarios que jamás van a existir.
Nunca dejaré de preguntarme si mi luz te ilumina tanto como tu luz me ilumina a mí. Si me sueñas tanto como yo te sueño. Si me piensas tanto como yo a ti te pienso.
Es importante comprender que a veces, al igual que el cielo, necesitamos llover.
Esa bonita sensación cuando los valores y principios de tu corazón coinciden con el de otro. Entonces, el miedo deja de pesar.
